• JONATHAN REGALADO REGALADO

MI HIJO/A SE PORTA MAL. 4 CLAVES PARA MEJORAR EL COMPORTAMIENTO


Este contenido es parte de las sesiones de la Escuela de Madres y de Padres, un grupo coordinado por Jonathan Regalado para la reflexión y el aprendizaje de competencias para la educación y el desarrollo positivo de niños, niñas y adolescentes. Si deseas venirte a las sesiones, contacta con nosotros.


El denominado "mal comportamiento" la mayoría de las ocasiones no es más que una conducta normal para la edad y la etapa evolutiva en la que se encuentra un niño o niña. Los adultos tienden a calificar de mal comportamiento una gran cantidad de conductas por una falta de comprensión o consciencia de las bases que las causan. En términos generales, una conducta considerada inadecuada no es más que la expresión de:


  • Falta de competencias eficaces del adulto.

  • Desmotivación del niño/a.

  • Falta de competencias eficaces del niño/a.


La falta de competencias eficaces por parte de los adultos genera desmotivación en los niños y niñas, y cuando se sienten así, expresan conductas inapropiadas. No obstante, es necesario comprender qué hay detrás de estas conductas para poder actuar eficazmente.



Sentirse tenido en cuenta e importante, es la meta final de todo comportamiento. Sin embargo, cuando no se logra, se produce desmotivación y niños y niñas desarrollan conductas para intentar poner fin a ese estado. Dreikus descubrió que cuando los niños están desanimados generan una serie de conductas inapropiadas, en lugar de útiles, que buscan lo que se denomina los Cuatro Objetivos Erróneos de la conducta:


  1. Atención. Los comportamientos inadecuados en busca de atención se dan cuando los niños creen que son tenidos en cuenta cuando se les presta atención.

  2. Poder. Creen que son tenidos en cuenta cuando se hace lo que él dice o cuando no permite que los adultos manden.

  3. Venganza. Creen que es posible que se les tenga en cuenta, pero conseguirán mitigar el dolor que les produce devolviendo el daño.

  4. Demostrar incapacidad. Creen que no es posible que se les tenga en cuenta y no valen para nada, por lo que la única opción que les queda es darse por vendidos.


De este modo, los adultos han de ser conscientes de lo que está causando la conducta inadecuada para poder aplicar soluciones eficaces a largo plazo: la causa principal es que su hijo o hija no se está sintiendo tenido en cuenta e importante, y para intentar satisfacer esa necesidad, se comporta buscando atención, poder, venganza o demostrando incapacidad.


Existen diferentes formas o modelos de interacción entre personas adultas y niños/as: severo, permisivo y positivo.



Aún hoy en día la mayoría de la gente está firmemente convencida de que la severidad y el castigo son formas eficaces de educar, y que para que un niño lo haga mejor, antes tiene que sentirse peor. Esta creencia en parte es razonable pues el castigo es tremendamente eficaz a corto plazo, pues logra que, en la mayoría de ocasiones, el niño/niña deje de hacer la conducta que se considera inadecuada. Pero ¿es igual de eficaz a medio-largo plazo? No. Y peor aún, es realmente dañino para la personalidad, la autoestima y la relación familiar. Cuando se castiga, los niños adoptan a la larga una de Las Cuatro “R” del Castigo (Nelse, 2007, p.14):


  1. Resentimiento: “Esto es injusto. No puedo confiar en los adultos”.

  2. Revancha: “Ahora están ganando, pero me las pagarán”.

  3. Rebelión: “Voy a hacer justo lo contrario para demostrarles que no necesito hacerlo a su manera”.

  4. Retraimiento: Disimulo “La próxima vez no me cogerán”; Baja autoestima “Soy mala persona”.


Por lo tanto, si desea que a la larga un hijo o hija se resienta, vengue, rebele o retraiga, el castigo es la mejor opción educativa. Si, por el contrario, se desea obtener resultados positivos a largo plazo, es necesario un modelo basado en la disciplina positiva.


Para que un estilo educativo sea eficaz, en cuanto a disciplina se refiere, ha de cumplir cuatro criterios:





CUATRO CLAVES PARA EDUCAR CON DISCIPLINA POSITIVA



1. SER AMABLES Y FIRMES A LA VEZ


Hay padres y madres con estilos educativos demasiado controladores y otras con estilos muy permisivos. Hay otros que alternan el control con la permisividad y van de un extremo a otro sin una coherencia. La disciplina positiva no es ni lo uno ni lo otro. La base fundamental de este estilo es que el adulto actúa de manera amable pero firme.



  • Parte de la creencia de que su hijo forma parte de la familia, pero no es el centro del universo.

  • Conoce la personalidad de su hijo/a.

  • Puede establecer límites saludables sin controlarlo ni infundirle emociones negativas.

  • No reaccionan al comportamiento del niño/a, sino que se distancian, observan y reflexionan antes de actuar. Son proactivos.

  • Hablan menos y hacen más: se esfuerzan por enseñar qué deben hacer en lugar de estar todo el día predicando y “comiendo la oreja”.

  • Buscan soluciones en lugar de buscar culpables y saben que son los primeros que se equivocan.

  • No protegen a sus hijos de los errores y las consecuencias naturales de sus conductas, sino que confía en sus capacidades y en el aprendizaje que hay detrás de los errores.

  • No gritan a sus hijos, ni utilizan calificativos negativos para su identidad, ni ninguna otra forma de comunicación que implique falta de respeto.


2. HACER MÁS Y HABLAR MENOS




En la actualidad los niños y niñas dejan de escuchar a sus padres y madres porque hablan demasiado: sermonean con frecuencia, dan explicaciones sin fin, negocian durante horas, repiten 50 mil veces una instrucción, etc. El 75% de los problemas de la vida cotidiana de un padre y una madre desaparecerían si hablaran menos y actuaran más. Escúchese durante un día completo y le sorprenderá la cantidad de palabras que llega a decir.


Coger al niño de la mano y llevarlo a la cama, o meterles en la bañera aunque estén desafiando en ese momento, no es ningún trauma para él. Lo que sí es una falta de respeto hacia el niño o la niña es ordenar, amenazar, sermonear, gritar, rogar y reñir. Si golpea insistentemente un juguete frágil, puede cogerlo sin decir ni una sola palabra y ponerlo en algún lugar fuera de su alcance. No hace falta decir nada para que se den cuenta de que podrá disfrutar del juguete cuando deje de golpearlo.


3. DAR OPCIONES LIMITADAS


Siempre que sea procedente, de a sus hijo/a a escoger entre al menos dos alternativas aceptables. Hay ocasiones que no es procedente que los niños/as escojan. Cómo por ejemplo, cruzar la calle solos cuando son muy pequeños. En este caso se le puede dar la opción de, ¿prefieres cogerme de la mano derecha o de la izquierda para cruzar? Tú decides. De este modo, el niño experimenta la sensación de control que le aporta el poder elegir, al tiempo que aprende y se le protege. Es especialmente útil cuando se añade al final de la frase “Tú decides”.


A medida que los hijos crecen las alternativas han de ser más amplias, por lo que se necesitará más negociación, para lo cual es muy recomendable las reuniones de familia.


4. CENTRARSE EN LAS SOLUCIONES


En lugar de analizar el por qué sucede un problema y quién tiene la culpa, dirija su atención principalmente a cómo solucionarlo. A no ser que el problema implique riesgo para la integridad física y psicológica del niño o la niña, la norma es dejar que los ellos lo resuelvan por sí solos.


Muchas madres y padres creen que su función como progenitores consiste en arreglar todos los problemas de sus hijos y que son los únicos a los que se le ocurren soluciones maravillosas. Paradojicamente, en cuanto a problemas de relaciones sociales de los hijos, cuando los adultos se implican e intentan solucionarlos, complican más la situación.


En lugar de sustituir a su hijo o hija en la resolución de problemas de su vida cotidiana, pregúntele qué cree que puede hacer, observe su creatividad manos a la obra y permítale llevar a cabo lo que ha pensado. Salga bien o salga mal, ambas situaciones le van a enseñar habilidades valiosas para la vida, lo hará más responsable y aumentará su confianza y autoestima.



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Fuente:

Nelsen, J. (2007). Cómo educar con firmeza y cariño. Disciplina positiva. Barcelona: Medici.


Nelsen, J., Lott, L. y Glenn, S. (2008). Disciplina positiva de la A a la Z. 1001 soluciones para lo problemas cotidianos en la educación de los hijos. Barcelona: Medici.






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