ESTOS SON LOS SECRETOS DE ORILLA: REFLEXIONES SOBRE EL CAMINO DE LA MODERACIÓN

Actualizado: jul 24


Aquí estoy hoy, en una mañana de otoño, conversando con ella: la orilla del mar. Orilla tiene un poder especial, es un punto de intersección maravilloso que nos recuerda la posibilidad y la necesidad de integrar los opuestos que naturalmente se dan en todas las cosas. La natural dialéctica del mundo, la vida y el conocimiento. La orilla marca el fin de Tierra, materia sólida, y el inicio de Mar, materia líquida. Pero Orilla es tan sabia que me recuerda que en ambos elementos residen también sus opuestos, forman parte natural de ellos: por eso en la tierra hay ríos y en los mares hay rocas y volcanes.



Su sabiduría me susurra al son de la brisa que sólido y líquido son estados diferentes de una misma cosa: no hay dualidad. Orilla no me hace chantaje ni me alinea para ponerme del lugar de una de las partes. No me exige ir a la izquierda o a la derecha, profundizar o quedarme en la superficie, pensar o sentir, el bien o el mal, el dolor o el placer, ser hombre o mujer, reír o llorar, odiar o amar. Me permite fluir... Me permite no ser, sino estar siendo, eligiendo momento a momento lo que es útil para mí y los que me rodean. La orilla me permite tomar conciencia de mis estados emocionales, que no son malos ni buenos, sino que simplemente me transmiten información que consideran apropiada (según su punto de vista) para garantizar mi supervivencia. Por eso, si miro a Mar y observo su color, su textura, su movimiento, siento paz y tranquilidad. Si observo su amplitud, su aparente infinidad, su desconocida profundidad, el riesgo de ahogarme, siento miedo, mucho miedo. Entonces giro la mirada rápidamente hacia el otro lado, y busco a Tierra. Toco el suelo, me siento y me digo, tranquilo, estas en suelo firme, y siento seguridad. Pero esa seguridad tampoco es pura, ni propia de la tierra, es un sentimiento que surge como consecuencia del sentimiento con el que lo he comparado. Es el discurso que encaja con esta historia, ahora... La seguridad de Tierra contiene la inseguridad Mar (y viceversa) en las guerras, la violencia, la corrupción y el hambre. Incluso en Tierra hay gente que se "ahoga" diariamente, en sus problemas.... Hoy Orilla me ha dicho: - No te enredes ni pierdas el tiempo en dicotomías y dualidades, son construcciones ficticias, aparentes, superficiales. Te resultaran útil para charlar sobre asuntos triviales, pero no para vivir con equilibrio y despertar la resiliencia innata que habita en ti. - Por favor Orilla - le dije. Guíame cuando entre en el juego de las luchas de poder, en litigios mantenidos por deseos de tener la razón a toda costa, en actitudes obsesionadas con estar alegre todo el tiempo, en conductas que rechazan experimentar todas las emociones por mas desagradables que parezcan... Alértame cuando use la palabra "soy" dando por sentado que hay algo esencial en mí, que no ha sido construido por mi historia de vida y que no es posible cambiar. Pellízcame cuando detectes que, al menos por un minuto, dudo de mi capacidad de amar por sobre todas las cosas y superar y aprender de la adversidad. - Así lo haré Jonathan. Pero no es necesario que vengas a visitarme. Cada vez que suceda algo así, para encontrarme solo has de mirarte adentro. Tú eres yo, y yo soy tú. Tú eres el representante en vida de la dialéctica convivencia e interdependencia de los dos opuestos más maravillosos que existen: el cuerpo y el alma.

Gracias Orilla, gracias...




#Epistemología

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© 2020 Creado por el Dr. Jonathan Regalado 

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